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Reflexión de fin de año

Pedimos mucho y agradecemos poco

Cumplía 42 años cuando recibí un mensaje de Claudio, un amigo que me pedía un pequeño espacio para agradecer en el Diario que dirijo: “[...] algo que deberíamos incorporar en nuestra rutina”, justificaba en su texto. Al leer sus palabras, pude reflexionar sobre lo poco que agradecemos.

Me di cuenta de que todo el tiempo estamos pidiendo: cuando vamos a soplar las velitas, pedimos tres deseos; cuando comemos, pedimos más. Pedimos permiso para pasar delante de los demás. Pedimos que nos amen, nos respeten y nos valoren. Pedimos fidelidad, compañerismo, tener salud y hasta ganar más dinero. Siempre Pedimos.

Entonces entendí cuán en falta estaba con Dios, con mi familia y con los demás.

Gracias a Dios, nací en una familia que me dio cobijo hasta que quise volar. Gracias a mis padres, conocí a Dios; y gracias a ellos, recibí educación.

Tengo cuatro hermanos menores, uno más bueno y emprendedor que el otro. Hermanos comprensivos y cómplices que me enseñan y sostienen cada día. También tengo cuñadas y cuñados, que son hermosos seres humanos. Tuve la mejor abuela que se puede tener, y hasta tengo suegros extraordinarios.

Después de agradecer por todo lo que recibí, me pregunté: ¿debo agradecer por esas veces que no recibí lo que esperaba? y comprendí que sí. También debería estar agradecido por todas las veces que emprendí y me fue mal; porque de cada error aprendí una nueva lección y, al final de cuentas, estaba recibiendo algo.

Entonces, ¿agradecer nos permite recibir más que pedir? También entendí que sí. Y si lo tuviera que escribir, no me alcanzarían las hojas de papel.

Tengo tanto para agradecer... No pedí la mujer que tengo, sin embargo, Dios la eligió para mí entre miles de millones. Sin ella jamás podría haber logrado lo que logré, porque fue ella la que se encargó de miles de otros temas para que yo pudiese alcanzar grandes objetivos.

Dios me conocía, aun antes de darme la vida y sabía que, sólo de la mano de una GRAN mujer, iba a lograr convertirme en el hombre que Él deseaba.

También agradezco por mis tres hijos y todo lo que trajeron a mi vida: sus nacimientos, sus sonrisas, su amor. Los balbuceos que poco a poco se convirtieron en palabras. Las caricias y los besos. Los abrazos cálidos de bracitos cortos. Su olor cuando recién se levantaban.

Pero hago una pausa aquí. Debo plantearme con honestidad hasta dónde agradecer cuando teniéndolo todo debí atravesar la pérdida de un hijo a mis 37 años. Tanto dolor no se puede agradecer. Pero sí se puede agradecer la fortaleza para soportarlo, para afrontarlo y permanecer unidos. Podemos agradecer por el milagro de la aceptación, hasta que tengamos entendimiento.

¿Cómo no agradecer la segunda oportunidad de VIDA que tiene toda una familia a punto de quedar devastada?

Miro hacia atrás y debo arrodillarme de inmediato a agradecer por las fuerzas que recibimos en los momentos más vulnerables, porque no estuvimos solos para enfrentar semejante adversidad.

¿Y los amigos?... También deben recibir mi agradecimiento. Porque gracias a ellos pude ver la vida desde otros puntos de vista. Porque cada una de sus vidas es diferente y distinta a la mía. Porque los amigos son los puntales que uno elige y que nos apoyan. Dicen que los amigos son los ángeles guardianes que Dios nos pone cerca; y con mi amigo Lucas, tuve la dicha de tener uno ENORME.

Doy gracias por mis compañeros de trabajo, porque no soy un compañero fácil y; sin embargo, allí están firmes, empujando más que cualquier motor.

Mientras escribo, pienso y ratifico que, aunque agradezca en mil líneas, siempre voy a quedar debiendo GRACIAS. Agradezco porque tuve grandes maestros en la Escuela y en la Universidad.

Y también debo agradecer a los adversarios ocasionales de mi vida, que me motivaron a esforzarme para superarme y crecer.

Al escribir entiendo que, mientras más agradecemos, más recibimos.

Y si llegaste hasta estas últimas líneas, también debo agradecerte, porque es el estímulo más grande que me puedes regalar para continuar escribiendo.

Después de todo, somos lo que hacemos. Y cuando Dios decida llevarme, me iré con el corazón lleno por haber dejado escrito TODO lo que mi alma quiso decir.

Gracias por compartir algo tan íntimo conmigo y de paso...

Felices y AGRADECIDAS Fiestas!

Josho Campillay y familia

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  • Publicado por José Luis Campillay (Diario Chilecito) el Monday 23 de December de 2019 a las 19:23 Hs.
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